Un disco volador casi intacto, 16 cuerpos en su interior y un pastor convocado para rezar por ellos. El supuesto incidente de Aztec, Nuevo México, vuelve al debate tras un episodio de American Alchemy, el programa de Jesse Michels, que explora los testimonios y las presuntas huellas de una recuperación militar secreta.
Interpretación artística. Crédito: Barton «Bart» James Christner, MFA.
Los protagonistas son Scott y Suzanne Ramsey, un matrimonio que lleva más de tres décadas investigando qué habría ocurrido el 25 de marzo de 1948 en Hart Canyon. Ambos sostienen que la clasificación del caso como fraude eclipsó declaraciones y documentos que merecían un examen más profundo.
Una nave de 30 metros y una oración por sus ocupantes
Según los testimonios reunidos por los Ramsey, varios civiles llegaron al lugar alertados por un incendio de vegetación y encontraron un disco de unos 30 metros de diámetro. Su superficie parecía metálica, sin remaches ni soldaduras visibles, y la estructura descansaba sobre el terreno sin daños importantes.
Dos trabajadores, Doug Noland y Bill Ferguson, habrían observado figuras inmóviles a través de una perforación en una ventanilla. Al introducir una herramienta por ese orificio, Ferguson habría activado un mecanismo que abrió una escotilla.
Vista del área donde se habría estrellado el OVNI. Crédito: Scott y Suzanne Ramsey.
Los relatos describen seres de baja estatura, con apariencia infantil y trajes azules de una sola pieza. Las versiones sitúan el número de ocupantes sin vida entre 14 y 16.
El pastor bautista Solon Brown también habría presenciado la escena. Según la reconstrucción de los investigadores, cuando los militares comenzaron a retirar los cuerpos, le pidieron que les diera los últimos ritos.
«No soy católico. Soy un pastor bautista, pero con gusto diré una oración por ellos», habría respondido.
Interpretación artística de la recuperación del OVNI. Crédito: Barton «Bart» James Christner, MFA.
Los Ramsey destacan las coincidencias entre las descripciones de la nave, sus ocupantes y la llegada de los militares. Buena parte de esas declaraciones fue recogida décadas después del supuesto incidente, una distancia temporal que debe considerarse al evaluar los recuerdos.
¿Fraude o encubrimiento?
La historia alcanzó notoriedad con Behind the Flying Saucers, el libro publicado por Frank Scully en 1950. Su credibilidad quedó golpeada cuando dos de sus fuentes, Silas Newton y Leo GeBauer, fueron involucradas en un proceso por fraude relacionado con un dispositivo para detectar petróleo.
Para los Ramsey, ese antecedente no basta para descartar los demás testimonios. Su investigación incluye expedientes del FBI y una grabación de agentes de la Fuerza Aérea interrogando a un hombre vinculado con una conferencia sobre platillos voladores. Interpretan ese interés como una señal de que las autoridades buscaban identificar las fuentes de la historia.
Tapa del libro de Frank Scully.
Una de las declaraciones más llamativas procede de un antiguo militar entrevistado por Scott Ramsey. Según su versión, su tarea consistía en modificar los registros de unos 200 participantes de la presunta recuperación para que figuraran destinados en otros lugares.
Ese procedimiento habría permitido negar posteriormente su presencia en Aztec. Se trata, no obstante, de un testimonio cuya afirmación central no queda demostrada con los registros presentados en el episodio.
¿Una evidencia física?
En Hart Canyon, los investigadores señalan una losa de concreto que consideran compatible con el apoyo de maquinaria pesada para retirar el disco. También identifican árboles dañados y posibles rastros de trabajos posteriores, aunque su relación con el supuesto incidente sigue sin establecerse.
La pista más concreta es una pequeña esfera pulida que los Ramsey aseguran haber encontrado enterrada allí en 1999. Un primer análisis había indicado una concentración de iridio cercana al 40 %, lo que despertó expectativas sobre su procedencia.
Las nuevas mediciones, empero, no reprodujeron ese resultado: no detectaron el iridio anunciado y la densidad del objeto tampoco era compatible con aquella composición. Por lo tanto, las pruebas presentadas no permitieron atribuirle un origen extraterrestre.
«Estamos aquí para averiguarlo», respondió Scott Ramsey ante el resultado desfavorable.
Aztec permanece así como una historia controvertida, sostenida por testimonios que sus investigadores consideran convergentes, pero sin una evidencia física que confirme la recuperación de una nave no humana.
A esa incertidumbre se suma una acusación contra Karl Pflock, investigador escéptico y exagente de la CIA, a quien una fuente citada por Michels atribuye haber sustraído, de la oficina de un congresista, material relacionado con el incidente. Aunque el conductor reconoce que no dispone de pruebas concluyentes, la versión alimenta la pregunta que impulsa a los Ramsey: ¿el descrédito de las primeras fuentes hizo que se descartara demasiado pronto el resto del caso, o hubo esfuerzos deliberados por enterrar la historia?
Por MysteryPlanet.com.ar.
Un OVNI y 16 cuerpos alienígenas: nueva investigación reabre el misterio de Aztec, el «otro Roswell»