La Armada de EE.UU. se encuentra al límite en Asia Occidental al no poder acceder a suministro, debido a los ataques de Irán, según un estudio.
El periódico New York Times publicó el miércoles un informe en el que describe la situación de la Armada estadounidense como una “pesadilla”, ya que obliga a los buques a utilizar rutas de larga distancia y arriesgadas para reabastecerse y poder subsistir en alta mar; un escenario que los analistas militares califican de insostenible a largo plazo.
El diario destaca que la red de suministro regional, construida por la Marina estadounidense durante décadas, dejó de funcionar el pasado 28 de febrero, el primer día de la ofensiva conjunta de Washington y Tel Aviv contra Irán. Ese día, la República Islámica respondió con un ataque que destruyó una de las principales bases logísticas de la Armada en Baréin, el centro neurálgico que tradicionalmente abastecía a la flota en el Golfo Pérsico.
Según el estudio, la pérdida de esta instalación ha dejado a la Armada estadounidense sin su principal infraestructura de apoyo en la región. Otros puertos cercanos con capacidad para atender portaviones o buques de suministro se encuentran dentro del alcance de los misiles y drones iraníes, lo que impide que sean utilizados como alternativas seguras. Como resultado, la flota depende ahora de instalaciones mucho más alejadas de la zona de operaciones.
Ante el bloqueo efectivo de las rutas cortas, la Armada estadounidense baraja dos opciones de repliegue, ambas complejas. La primera es enviar los buques de suministro a Singapur, a 5950 kilómetros (3700 millas) de distancia, lo que obliga a atravesar el estrecho de Malaca, uno de los pasos marítimos más congestionados y vigilados del mundo.
La segunda alternativa es la base de Diego García, en el océano Índico, un territorio británico que alberga una instalación militar estadounidense. Aunque más cercana que Singapur —unas 2200 millas—, esta ruta implica también un viaje de varios días en aguas abiertas, con el consiguiente riesgo de ser detectado e interceptado.
Estas distancias han convertido el reabastecimiento en alta mar en una necesidad operativa. Según el diario neoyorquino, los buques de guerra requieren misiones de aprovisionamiento aproximadamente cada cinco o seis días. El proceso, conocido como ‘underway replenishment’, implica que un buque de guerra y un barco de suministro naveguen en paralelo, separados apenas por unos 45 metros, durante horas, sincronizando su rumbo y velocidad pese a las condiciones cambiantes del viento, las olas y las corrientes. Las tripulaciones disparan líneas con rifles para tender cables de acero por los que se transfieren combustible y palés de suministros, mientras los helicópteros transportan repuestos y correo en redes.
La crisis se agrava por la limitada disponibilidad de la flota de portaviones. De los 11 portaviones con los que cuenta la Armada, cuatro ya están comprometidos en las operaciones actuales y varios más se encuentran en diques secos en reparaciones que podrían prolongarse durante años. Esto deja apenas margen para rotar los buques y aliviar la presión sobre las tripulaciones.
La experiencia del USS Abraham Lincoln ha servido de ejemplo de las exigencias a las que se ven sometidas las tripulaciones durante este tipo de despliegues.
En alusión al caso del USS Abraham Lincoln, el informe afirmó que el portaviones pasó casi la totalidad de su despliegue de nueve meses en el mar, sin haber realizado ni una sola escala en puerto. Esto contrasta con las visitas mensuales que suelen hacer este tipo de buques para permitir el descanso de la tripulación. El diario señala que este despliegue prolongado ha ido acompañado de numerosos informes sobre fatiga extrema entre la tripulación, condiciones de deterioro por el clima extremo, escasez de necesidades básicas e incluso intentos de suicidio a bordo.
⚠️El estado del USS Abraham Lincoln genera frustración en EEUU
🔸El exfiscal federal estadounidense Ron Filipkowski publicó imágenes del portaaviones Abraham Lincoln con signos de oxidación y cuestionó el estado de las Fuerzas Armadas de EEUU tras la llegada de Trump al poder. pic.twitter.com/ujTtwwdVs6
— HispanTV (@Nexo_Latino) September 2, 2026
La situación se complica aún más porque los despliegues actuales no tienen una fecha de finalización fija. Los buques permanecen en la región hasta que el presidente Donald Trump y el secretario de Guerra de EE.UU. ordenen su retirada, lo que añade un elemento de incertidumbre que mina la moral de las tropas.
Esta situación demuestra que los ataques de Irán en represalia por la agresion estadounidense-israelí no se limitan al enfrentamiento directo con buques y bases estadounidenses, sino que también han puesto a prueba la capacidad de apoyo y la red logística de las fuerzas estadounidenses en la región.
ncl/tmv
https://www.hispantv.com/noticias/ee-uu-/659780/armada-pesadilla-region-ataques-iran
Rusia ha suministrado misiles supersónicos a Irán capaces de alcanzar a los buques estadounidense

La cooperación militar entre Rusia e Irán se intensificó un mes después del 7 de octubre de 2023. Moscú y Teherán firmaron un contrato de suministro de armas en noviembre de 2023, cuatro semanas después del ataque de Hamas contra Israel, según el Financial Times.
Este programa, cuyo nombre en clave es C430L, tenía como objetivo equipar a Irán con un sistema de propulsión estatorreactor capaz de lanzar misiles de crucero a varias veces la velocidad del sonido. El acuerdo fue negociado por Rosoboronexport, la empresa pública rusa de exportación de armas, en conjunto con NPO Machinostroyenia, un importante fabricante de misiles.
La correspondencia filtrada muestra que dirigentes rusos realizaron varios viajes a Irán incluso antes de la firma oficial del contrato con el Ministerio de Defensa iraní. Entre los ingenieros mencionados se encontraba Alexander Dergachev, entonces subdirector de la empresa y diseñador jefe de sistemas de misiles navales. En abril del año pasado, Rosoboronexport habría ofrecido enviar aproximadamente 20 especialistas adicionales para consultas técnicas.
Un estatorreactor permite que un misil de crucero mantenga la velocidad supersónica mientras vuela a baja altitud, reduciendo así el tiempo de reacción de los sistemas de defensa antiaérea enemigos. Es la transferencia de tecnología militar altamente sensible que Irán ha estado buscando durante décadas, dice el Financial Times.
La asistencia rusa continuó más allá de la fase de diseño, durante la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, iniciada en febrero. Irán ha estado trabajando en esta tecnología de propulsión desde al menos 2019, año en que el máximo dirigente Ali Jamenei fue fotografiado en un centro de desarrollo. Los prototipos de estatorreactores se probaron ya en agosto de 2023, incluso antes de la firma del contrato con Rusia.
El país ya ha construido y probado en vuelo un sistema de propulsión de este tipo, pero hasta el momento no hay pruebas que confirmen el despliegue de un misil supersónico resultante de esta cooperación. Esta tecnología le proporcionó a Teherán un nuevo tipo de arma estratégica, capaz de amenazar a los buques de la Armada estadounidense.
El acercamiento entre Rusia e Irán se suma a otros intercambios documentados entre ambos países. Irán ha suministrado a Rusia drones Shahed, que ahora se fabrican parcialmente en Rusia y se utilizan en la guerra de Ucrania.
Un acuerdo aparte, por valor de 500 millones de euros, firmado en Moscú en diciembre, prevé la entrega a Irán de 500 sistemas portátiles de defensa aérea Verba y 2.500 misiles 9M336, destinados a reforzar las defensas antiaéreas iraníes.
Rusia ha suministrado misiles supersónicos a Irán capaces de alcanzar a los buques estadounidense