
Un equipo de investigación de la Universidad de York y la Universidad de Curtin, en Australia, ha logrado despejar una de las incógnitas más persistentes de la arqueología británica al determinar el origen exacto de las colosales piedras erguidas conocidas como las Flechas del Diablo, situadas cerca de Boroughbridge, en Yorkshire.
El análisis geológico, basado en técnicas de alta resolución sobre minerales microscópicos, confirma que las tres estructuras supervivientes, que alcanzan casi siete metros de altura y conforman la fila de piedras hincadas más alta de Gran Bretaña, fueron extraídas en los acantilados de Brimham Rocks, a 18 kilómetros al oeste, y transportadas hasta su ubicación actual por comunidades neolíticas, descartando definitivamente la hipótesis de que hubieran sido depositadas por glaciares durante la última edad de hielo.
La investigación, cuyos resultados se publican en la revista Proceedings of the Royal Society A, zanja así un debate académico que se prolongaba desde el siglo XIX, cuando ya se especulaba con la posibilidad de que los monolitos no fueran bloques erráticos de origen glaciar, sino el fruto de una deliberada empresa constructora.
Los tres pilares de arenisca que aún se alzan en las afueras occidentales de Boroughbridge, separados de manera desigual a lo largo de 174 metros, son los restos de un conjunto que en época histórica llegó a contar con al menos cinco ejemplares, y probablemente más, según atestiguan los registros antiguos. La nueva prueba definitiva ha llegado de la mano del denominado huellado isotópico, una técnica que examina las edades de cristalización de minerales accesorios como el circón y el apatito, presentes en la roca, y los compara con los afloramientos geológicos de la región.

El doctor Jim Leary, del Departamento de Arqueología de la Universidad de York, ha subrayado la importancia del hallazgo al señalar que la arquitectura megalítica constituye uno de los rasgos visuales más impactantes del paisaje neolítico en toda la isla, desde complejos ceremoniales como Avebury o Stonehenge hasta las piedras individuales.
Sin embargo, mientras que los yacimientos del sur de Inglaterra y de Escocia han recibido una atención considerable, monumentos como las Flechas del Diablo habían permanecido relativamente poco estudiados a pesar de su relevancia. Leary ha insistido en que ahora se ha demostrado que las comunidades neolíticas movilizaron varias piedras de 25 toneladas cada una a lo largo de 18 kilómetros a través del territorio de Yorkshire, transformando una ubicación familiar en una suerte de empresa épica destinada a crear un paisaje sagrado.
La altura de los pilares supervivientes, que supera a la de las piedras de Stonehenge, coloca a la columna sur como el segundo megalito más alto del país, solo por detrás del Monolito de Rudston, mientras que la central ocupa la tercera posición en ese mismo ranking.
El estudio no solo ha determinado la procedencia de las tres piedras visibles, sino que también ha resuelto el misterio de una cuarta piedra desaparecida que los anticuarios habían mencionado desde mediados del siglo XVI. El erudito Tudor John Leland documentó entonces la existencia de un cuarto monolito, pero décadas después se le dio por perdido.
En 1687 quedó registrado que los lugareños habían fragmentado una piedra caída, utilizando parte de sus restos para construir el puente Peg sobre el río Tutt y llevando la sección superior a la mansión de Aldborough. Ya en el siglo XIX, el anticuario J.R. Walbran propuso que otro monolito derrumbado había sido reciclado para erigir la Cruz de la Batalla, un monumento de 5,5 metros de altura labrado en el siglo XV para conmemorar la Batalla de Boroughbridge de 1322.
La nueva caracterización mineralógica ha confirmado aquella teoría al demostrar que la cruz medieval que aún permanece en pie en la localidad de Aldborough no es sino un segmento tallado de una de las antiguas Flechas del Diablo, un hallazgo que, en palabras de los investigadores, prueba que la piedra desaparecida estaba oculta a plena vista.

La técnica utilizada por el equipo anglo-australiano ha resultado crucial para despejar cualquier duda sobre el origen de los megalitos. Las Flechas del Diablo se asientan sobre la arenisca roja del Triásico de Sherwood, característica de la zona, pero los propios monolitos están compuestos por una arenisca de grano grueso conocida como Millstone Grit de la Cuenca Penina, depositada durante el período Namuriense hace más de 300 millones de años.
El doctor Anthony Clarke, geoquímico de la Universidad de Curtin, ha explicado que aunque los afloramientos de esta arenisca más cercanos se encuentran a solo cinco kilómetros al oeste de Boroughbridge, y otras fuentes alternativas largamente sospechadas, como Plumpton Rocks, están a 13 kilómetros, el equipo ha empleado pruebas isotópicas de alta resolución sobre los minerales microscópicos para rastrear su lugar de nacimiento geológico exacto.
El mapeo de los perfiles de edad única que quedan retenidos en el interior de la piedra ha permitido descartar la idea de que se tratara de rocas glaciares locales abandonadas por los mantos de hielo y ha señalado inequívocamente a Brimham Rocks, a 18 kilómetros de distancia, como la cantera original.
La posición de los monolitos, sobre un terreno de suave pendiente y alineados hacia un posible vado prehistórico en el río Ure, adquiere ahora una nueva dimensión arqueológica. Los extensos restos prehistóricos localizados al oeste de las piedras indican que estos pilares formaban la puerta meridional de una vasta región sagrada comprendida entre los ríos Swale y Ure, un área que alberga siete henge de finales del Neolítico, lo que constituye la concentración más densa de este tipo de estructuras en toda Gran Bretaña.
Esta conexión territorial, ahora confirmada por la procedencia de la roca, refuerza la idea de que el transporte deliberado de las enormes piedras desde Brimham Rocks no fue un acto aislado, sino parte de un proyecto más amplio de monumentalización del paisaje, en el que la elección de un material específico y distante respondía a criterios simbólicos o identitarios más que a la mera disponibilidad de recursos cercanos.
Justin Scully, director general de Fountains Abbey & Studley Royal y de Brimham Rocks, ha manifestado su satisfacción por los resultados al recordar que las Flechas del Diablo han inspirado relatos y despertado la curiosidad de generaciones enteras. La leyenda local cuenta que el Diablo, situado sobre How Hill, lanzó enormes flechas de piedra hacia Boroughbridge, pero estas cayeron cortas y se clavaron en el lugar donde hoy se erigen.
Scully ha destacado que, aunque el folclore sigue siendo una parte querida de su historia, es extraordinario descubrir que el viaje real de estas piedras es igualmente asombroso, y que la investigación revela un vínculo directo entre Brimham Rocks y las Flechas del Diablo, conectando así dos paisajes notables de Yorkshire que están bajo el cuidado de la institución que dirige. La gratitud hacia los investigadores por desvelar este nuevo capítulo en la historia de los monolitos y por profundizar en el conocimiento de las personas que moldearon ese territorio hace miles de años ha sido explícita por parte de Scully.
Por su parte, Jess Tipper, inspector de monumentos antiguos de la región norte de Historic England, ha calificado las Flechas del Diablo como una parte muy apreciada del rico patrimonio de Boroughbridge y ha mostrado su satisfacción por que estos descubrimientos científicos contribuyan a mejorar la comprensión de su historia. Tipper ha avanzado que la institución espera seguir obteniendo más información sobre estos monumentos y estudiar cómo protegerlos para el disfrute de todos.
El estudio, financiado por diversas entidades académicas y con la colaboración de los gestores del patrimonio británico, supone un avance significativo en el conocimiento de las sociedades neolíticas de la región, que no solo fueron capaces de movilizar bloques de tamaño y peso considerables, sino que además optaron por seleccionar rocas procedentes de un paisaje concreto, a casi veinte kilómetros de distancia, en lugar de utilizar los materiales más próximos, una decisión que los investigadores interpretan como un acto deliberado de creación de un paisaje sagrado y de afirmación comunitaria.
El trabajo de campo, que combinó el muestreo geológico en los afloramientos de Brimham Rocks y en los propios monolitos de Boroughbridge, ha permitido establecer una correlación inequívoca entre las edades de cristalización de los minerales, cerrando así una controversia que se arrastraba desde los primeros estudios anticuarios del siglo XVI. La publicación de estos resultados en una revista de la Royal Society, una de las instituciones científicas más antiguas del mundo, otorga un respaldo definitivo a una investigación que, sin duda, reescribirá los capítulos dedicados al megalitismo británico en los manuales de arqueología prehistórica.
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FUENTES
Anthony Clarke, Jim Leary, Chris Kirkland; Deliberate prehistoric sourcing of the Devil’s Arrows, Britain’s tallest stone row. Proc. R. Soc. A 1 September 2026; 482 (2345): 20260504. doi.org/10.1098/rspa.2026.0504