
La épica marcha de casi 200 millas (unos 321 kilómetros) que el rey Harold II de Inglaterra y sus agotados hombres emprendieron desde el norte del país hasta el campo de batalla de Hastings en 1066, un relato que ha perdurado durante más de dos siglos como uno de los momentos más icónicos de la historia inglesa, carece de fundamento documental y, según una nueva investigación académica, nunca ocurrió de la manera en que ha sido transmitida.
El viaje, lejos de ser una agotadora travesía terrestre, se realizó en gran medida por mar, una revelación que modifica sustancialmente la comprensión de la conquista normanda en el ámbito académico, museístico y en la memoria colectiva.
La investigación, liderada por el profesor Tom Licence, catedrático de Historia Medieval y Literatura en la Universidad de East Anglia (UEA), y cuyos hallazgos serán presentados el próximo 24 de marzo en la Universidad de Oxford durante el congreso The Maritime and Political World of 1066, corrige un error de interpretación que se remonta a los historiadores victorianos, particularmente a Edward Augustus Freeman en el siglo XIX.

El origen de la inexactitud se encuentra en una lectura errónea de la Crónica Anglosajona, una de las fuentes escritas más completas y tempranas de la historia de Inglaterra. En su relato, la crónica menciona que los barcos regresaron a casa a principios de septiembre de 1066, una frase que los historiadores de la era victoriana interpretaron como el desmantelamiento o la disolución de la flota real.
Esta interpretación dio lugar a la narrativa de que Harold, al quedarse sin opciones navales, se vio obligado a trasladar a sus tropas por tierra desde Stamford Bridge, en Yorkshire, hasta la costa sur, en una carrera desesperada contra el avance de Guillermo, duque de Normandía.
El profesor Licence ha demostrado que el significado de ese pasaje era radicalmente distinto. La flota no fue desmantelada, sino que los barcos regresaron a Londres, su base de operaciones, donde permanecieron operativos durante todo el año. Observé que múltiples escritores contemporáneos se referían a la flota de Harold, mientras que los historiadores modernos descartaban esas referencias o intentaban explicarlas, señaló Licence. Revisé la evidencia sobre el supuesto envío de la flota a casa y descubrí que era simplemente un malentendido. Busqué en las fuentes evidencias de una marcha forzada y no encontré ninguna.

La reconstrucción de los acontecimientos a partir de las fuentes primarias, incluido el cotejo de las nueve versiones manuscritas que existen de la Crónica Anglosajona y otros textos del siglo XI, pinta un panorama estratégico muy diferente al del comandante exhausto y reactivo que ha pasado a la historia.
Harold, lejos de improvisar, ejecutó una operación combinada de tierra y mar de una sofisticación notable. Las fuentes contemporáneas describen cómo Harold desplegó cientos de barcos para bloquear al duque Guillermo tras su desembarco en la costa sur, una acción que había generado confusión entre los historiadores precisamente porque partían de la premisa de que el rey carecía ya de una flota operativa. La flota ‘desaparecida’ de Harold fue utilizada para defender la costa sur, luego para apoyar su campaña contra Harald Hardrada y, finalmente, para regresar rápidamente al sur tras la batalla de Stamford Bridge, listo para enfrentarse al duque Guillermo de Normandía, explicó Licence.
Esta nueva perspectiva desmonta por completo el mito de la marcha de 200 millas, un concepto que, según la investigación, no aparece descrito en ninguna fuente contemporánea. El profesor Licence califica esta narrativa como una “invención victoriana” que ha modelado la comprensión popular del año 1066 durante demasiado tiempo. Desde un punto de vista logístico, la idea de una marcha terrestre forzada resulta, además, implausible.

El estudio aporta evidencia comparativa señalando que incluso las tropas bien equipadas de la Guerra Civil estadounidense, bajo condiciones excepcionales, solo podían cubrir alrededor de 100 millas en cinco días. Que los hombres cansados y desmontados de Harold recorrieran casi 200 millas en diez días y luego continuaran directamente hasta la península de Hastings es inverosímil dadas las carreteras medievales y las secuelas de una batalla, afirmó Licence. Solo un general loco habría enviado a todos sus hombres a pie de esta manera si disponía de transportes marítimos.
El uso de la flota contra el ejército vikingo de Harald Hardrada es otro de los puntos clave que la investigación ha esclarecido. La Crónica Anglosajona emplea el término en inglés antiguo lið, que se traduce normalmente como “flota”, para describir la fuerza que Harold reunió en Tadcaster antes de marchar hacia Stamford Bridge. Este detalle lingüístico indica que el rey desplegó tanto fuerzas navales como terrestres contra los noruegos, un aspecto que había generado confusión porque los historiadores, al creer que la flota ya había sido dispersada, no podían explicar la presencia de estos barcos en el norte.
La estrategia de Harold también incluía un ambicioso movimiento de pinza marítimo-terrestre contra Guillermo. Las primeras crónicas describen cómo el rey envió cientos de barcos hacia el sur tras el desembarco normando. Lejos de marchar en solitario hacia Hastings, Harold coordinaba un cerco diseñado para atrapar a los normandos en la península.
El estudio sugiere que esta flota, que transportaba a los arqueros y las tropas de élite del rey, probablemente llegó demasiado tarde para influir en el desenlace de la batalla, pero no antes de protagonizar un enfrentamiento naval en los primeros días de octubre de 1066. Tanto el Domesday Book como los Annales Altahenses apuntan a la existencia de este combate marítimo, referencias que hasta ahora resultaban difíciles de explicar y que, reconsideradas bajo esta nueva luz, adquieren coherencia histórica.
Las repercusiones de estos hallazgos trascienden el ámbito académico. La noticia llega en un momento en que el Tapiz de Bayeux, la crónica visual de la conquista, se prepara para viajar desde Francia al Reino Unido para ser exhibido en el Museo Británico a finales de este año. El profesor Michael Lewis, responsable del Esquema de Antigüedades Portátiles del Museo Británico y conservador de la exposición del Tapiz de Bayeux, señaló que la investigación demuestra que aún queda mucho por aprender sobre los acontecimientos de 1066. Es claramente un descubrimiento fascinante que, tras la batalla de Stamford Bridge, Harold realizara un viaje al sur más fácil y lógico por barco para enfrentarse al duque Guillermo en la batalla, en lugar de la larga travesía por tierra que se ha supuesto durante tanto tiempo, afirmó Lewis.
Roy Porter, conservador principal de English Heritage, que supervisa la abadía de Battle y el campo de batalla de Hastings, subrayó el valor de poner a prueba las verdades aceptadas. Lo que sabemos sobre las campañas militares previas de Harold encaja con la idea de que utilizaba fuerzas navales para transportar soldados y amenazar a Guillermo, y hay referencias en los relatos de la invasión normanda que también dan peso a esa posibilidad, declaró Porter. Es emocionante considerar que la respuesta de Harold pudo haber sido mucho más sofisticada de lo que se pensaba, y que el conocimiento de Guillermo sobre esto pudo haber influido en el momento que eligió para luchar.
El profesor Licence, quien presentará todas estas evidencias en Oxford, resumió el cambio de paradigma al afirmar que la campaña de Harold no fue una carrera desesperada a través de Inglaterra, sino una operación marítimo-terrestre sofisticada, y que la idea de una marcha heroica es una invención victoriana que ha distorsionado durante demasiado tiempo el entendimiento de uno de los años más cruciales de la historia inglesa.
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