El desierto de Atacama, reconocido por ser el lugar no polar más árido de la Tierra, atraviesa una metamorfosis sin precedentes. Vastas extensiones de tierra rocosa y árida se han transformado en un deslumbrante tapiz multicolor que abarca cerca de 17.000 kilómetros cuadrados, una superficie equivalente a toda la Región Metropolitana de Santiago de Chile.
Fotografía del desierto de Atacama tomada hace unos días.
El responsable de este espectáculo visual es el fenómeno climático conocido como Súper Niño. Entre julio y agosto, intensas precipitaciones azotaron el norte chileno con acumulaciones de entre 160 y 190 milímetros en algunas localidades, cifras récord que no se registraban en los archivos meteorológicos desde la década de 1950.
Las tormentas provocaron inundaciones y estragos en diversas zonas del país. No obstante, en el desierto desencadenaron la floración más extensa e intensa observada desde 1997. «Es un fenómeno único; hay más de 200 especies de plantas. Este es un evento de floración que obviamente es extraordinario e inusual, muy diferente a otras floraciones que ocurren en otras partes del globo», explicó Jorge Carabantes, jefe del Departamento de Áreas Protegidas de la Corporación Nacional Forestal (CONAF).
Un milagro biológico que impulsa el turismo
La abrumadora humedad logró despertar el germoplasma subterráneo: un banco biológico integrado por semillas, bulbos, tubérculos e incluso huevos de invertebrados que permanecieron latentes bajo tierra durante décadas. Especies nativas como ñañucas rojas y amarillas, pata de guanaco, suspiros blancos, terciopelos naranjas y la emblemática garra de león cubren hoy cerros y quebradas que solían lucir inertes.
¡El desierto de Atacama volvió a florecer! 🌸🌸🌸
👉 En el sector de Marañón, cerca de Vallenar, extensas alfombras de patas de guanaco de color fucsia cubrieron el paisaje de la Región de Atacama, en uno de los fenómenos naturales más impresionantes del país.
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— CHV Noticias (@chvnoticias) September 24, 2026
«Hay cerros y cordones montañosos donde no se veía verdor ni flores desde hace más de 30 o 40 años. Este germoplasma del desierto puede permanecer a la espera durante muchos años, incluso décadas. Los cerros de este año son el mejor ejemplo de eso», señaló el biólogo César Pizarro, jefe de la Sección de Conservación de la Biodiversidad de CONAF Atacama.
La magnitud del paisaje ha atraído a miles de viajeros locales e internacionales. La Secretaría Nacional de Turismo proyecta que se realizarán cerca de 300.000 viajes con pernoctación en la región antes de que concluya el fenómeno en noviembre.
Comparación entre una imagen satelital del desierto de Atacama tomada en 2025 y una tomada este año en la misma época. Crédito: Copernicus Sentinel-2/ESA.
Para los visitantes, la experiencia resulta inolvidable. Felix Banda, un chileno residente en Australia que viajó a conocer el lugar, compartió su asombro a la agencia AP tras contemplar el panorama: «Siempre pensé que solo iba a ser marrón. Esa es mi imagen de un desierto, solo marrón. Sabía que había llovido mucho, así que esperaba ver algo de verde hermoso, pero este es un paisaje increíble».
Un fenómeno de impacto global
Este despliegue biológico refleja el impacto a escala global de este Súper Niño. Mientras en el Pacífico sudamericano desata lluvias históricas, sus efectos en la atmósfera alteran el clima a miles de kilómetros: en el océano Atlántico, la fuerte cizalladura del viento generada por el mismo fenómeno ha frenado de forma drástica la aparición de huracanes, marcando un registro sin precedentes en la era satelital.
Así, entre la inusual calma atlántica y la explosión de vida en el Pacífico, el actual «Desierto florido» no solo reafirma la asombrosa capacidad de resistencia de la naturaleza frente a condiciones extremas, sino que consagra a la región de Atacama como uno de los destinos turísticos y científicos más deslumbrantes del planeta durante esta temporada.