El devastador mapa de la erupción de Yellowstone: científicos prevén 1.300 millones de muertes

Dos reconocidos científicos británicos han encendido las alarmas tras publicar un detallado análisis sobre el catastrófico escenario que desencadenaría una eventual erupción del supervolcán de Yellowstone.

El devastador mapa de la erupción de Yellowstone: científicos prevén 1.300 millones de muertes

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Ilan Kelman, profesor de Desastres y Salud en el University College de Londres (UCL), y Matthew Blackett, profesor de Geografía Física y Peligros Naturales en la Universidad de Coventry, firmaron un artículo divulgado en el portal divulgativo The Conversation en el que reconstruyen paso a paso la evolución de este desastre geológico.

Los investigadores apelan a registros históricos, modelos de dispersión de ceniza y protocolos modernos de emergencia para proyectar las consecuencias de un evento de esta magnitud. En las primeras líneas de su trabajo, los expertos advierten con firmeza sobre la gravedad del fenómeno al asegurar que «una supererupción a esta escala sería una amenaza para la civilización tal como la conocemos», lo que exige examinar la progresión de los hechos desde los primeros indicios subterráneos.

A través de un ejercicio hipotético, el artículo traza una cronología precisa que comienza meses antes de la explosión y se extiende hasta diez años después del colapso, mostrando de qué manera la dinámica del planeta afectaría la infraestructura, el clima y la supervivencia humana a escala global.

Señales previas al estallido

La fase crítica arrancaría aproximadamente dos meses antes de la erupción con la detección de un enjambre de pequeños sismos bajo la caldera de Yellowstone. Aunque las primeras vibraciones pasarían desapercibidas para la población, los analistas del Observatorio de Volcanes de Yellowstone constatarían que los temblores migran progresivamente hacia capas superiores de la corteza, lo que sugiere el ascenso de fluidos hidrotermales o magma.

La superficie de un volcán se infla y se desinfla a medida que la cámara magmática situada debajo cambia de presión. Medir este movimiento puede ayudar a los científicos a determinar si un volcán se está preparando para una erupción. Crédito: USGS y Jessica Murray-Moraleda, CC BY-SA.

Como consecuencia directa de este avance magmático, la deformación del terreno se aceleraría durante las semanas posteriores, acompañada de cambios drásticos en la composición de los gases emitidos y de alteraciones en la regularidad de los géiseres del parque.

A falta de quince días para el evento, la probabilidad de un desastre alcanzaría más del 85 por ciento, obligando a las autoridades a decretar la evacuación en un radio de 100 kilómetros y movilizando a más de 200.000 residentes en medio del pánico generalizado.

Consecuencias planetarias del cataclismo

Llegado el momento del estallido, la interacción del magma incandescente a más de 600 °C con el sistema hídrico subterráneo desataría explosiones freáticas masivas que proyectarían vapor, barro y rocas a gran altura. Poco después, la violenta liberación de gases generaría una columna de ceniza de hasta 50 kilómetros de altitud clasificada como un evento VEI 8, el nivel máximo en la escala de explosividad volcánica, mientras flujos piroclásticos abrasadores arrasarían con todo a su paso e invadirían decenas de kilómetros a la redonda.

Durante los tres días posteriores, la acumulación de ceniza fina sobre Norteamérica paralizaría los servicios esenciales de energía, transporte y agua potable, provocando el colapso de infraestructuras por el peso del material e inutilizando las redes eléctricas. Meses más tarde, el dióxido de azufre en la estratosfera bloquearía la radiación solar, generando un enfriamiento global de aproximadamente 1.5 °C que arruinaría cosechas clave e iniciaría una profunda recesión económica internacional.

Transcurrida una década, la población superviviente se vería forzada a adaptarse a un modelo de agricultura enfocado en cultivos de raíz e invernaderos, mientras la inhalación continua de partículas de sílice elevaría drásticamente las tasas de silicosis y enfermedades respiratorias.

«Antes de la erupción, alrededor de 4.400 millones de personas de la población mundial de 8.300 millones carecían de un acceso pleno y seguro al agua potable. Un decenio después de la erupción, es posible que 4.800 millones de personas sufran esta falta de agua potable, mientras que la población mundial podría haber disminuido a 7.900 millones debido a picos en la mortalidad infantil y de ancianos», añaden los autores en el artículo sobre el impacto en los recursos básicos y la demografía.

Impacto global potencial de una supererupción hipotética de Yellowstone. En rojo, mayor afectación; en amarillo, impacto variable; y en verde, menor impacto relativo. Clasificación orientativa: ninguna región quedaría necesariamente libre de consecuencias. Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

A pesar del desolador escenario sanitario y la estimación de entre 700 y 1.300 millones de muertes prematuras asociadas al desastre, los científicos concluyen su análisis con una nota de resiliencia sobre el destino de la especie. En las líneas finales de su publicación, Kelman y Blackett enfatizan que «la buena noticia, al menos para nuestra especie, es que este poder imparable del vulcanismo cambiaría el planeta, pero no acabaría con la humanidad, ni estaría cerca de hacerlo».

Fuente: The Conversation. Edición: MP.

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