La nueva Constitución promovida por la junta militar concentra más poder en la presidencia y divide a Guinea-Bissau. Fuente: Paul Kagame – bajo CC BY-NC-ND 2.0
El Alto Mando Militar para el Restablecimiento de la Seguridad Nacional y el Orden Público de Guinea-Bissau ha anunciado la celebración de un referéndum el próximo 30 de agosto para decidir sobre la aprobación de una nueva Constitución.
En noviembre de 2025, el Ejército dio un golpe de Estado en medio de la disputa electoral entre el presidente Umaro Sissoco Embaló y su rival, Fernando Dias da Costa.
Antes de que se publicaran los resultados de las elecciones presidenciales, los militares tomaron el poder y arrestaron tanto al presidente como al candidato de la oposición. Sin embargo, en el caos posterior, Embaló huyó a Senegal, mientras Dias se refugió en la embajada de Nigeria.
Según los militares, el golpe se produjo tras el “descubrimiento de un plan en curso” orquestado por políticos y otras figuras nacionales y extranjeras junto con un “conocido señor de la droga”, cuyo objetivo era desestabilizar el país mediante un intento de “manipular los resultados electorales”. Sin embargo, la oposición acusa a Embaló y al Ejército de organizar un “golpe simulado” para impedir la publicación de los resultados y mantenerse en el poder.
Según esta versión, Embaló habría buscado facilitar el nombramiento de un nuevo presidente y un primer ministro encargados de convocar unas elecciones en las que pudiera volver a presentarse. Cabe recordar, además, la importante presencia del narcotráfico en el país, utilizado como ruta hacia Europa y en el que están involucrados sectores del Ejército y de las instituciones.
Claves de la Constitución de Guinea-Bissau
Al asumir el control del país, las autoridades militares adoptaron una carta transitoria con una vigencia de 12 meses, que establece la celebración de elecciones presidenciales y legislativas al término del periodo de transición –concretado en diciembre de 2026–. El nuevo texto constitucional, compuesto por 29 artículos, prohíbe al presidente interino y al primer ministro presentarse a los próximos comicios.
Durante este periodo, el Alto Mando Militar controla las reformas legales e institucionales de la transición, incluida la revisión de la Constitución suspendida, la creación de un nuevo Tribunal Constitucional, la modificación de la normativa sobre los partidos políticos y la supervisión del nombramiento de los funcionarios electorales. Un Consejo Nacional de Transición (CNT) de 65 miembros actúa como órgano legislativo.
Este está compuesto por 16 delegados nombrados por la junta militar instaurada tras el golpe, 20 representantes de partidos políticos, 11 miembros de organizaciones de la sociedad civil, 9 enviados de las regiones del país y 10 oficiales superiores del Ejército en representación del Alto Mando Militar.
La nueva Constitución no ha sido objeto de amplias consultas con la sociedad y fue aprobada por el CNT poco después de su formación tras el golpe militar. El principal cambio introducido en la carta magna supondría el paso de un sistema semipresidencial a uno presidencial, otorgando al presidente la facultad de nombrar al primer ministro y a los miembros del Gobierno, así como de disolver el Parlamento.
Las modificaciones institucionales planteadas concentran así un mayor poder en la figura presidencial bajo la justificación de facilitar la cooperación entre las instituciones de Guinea-Bissau.
Además, el texto elimina elementos ideológicos y revolucionarios de su preámbulo con la intención de que la Constitución “represente a la totalidad de la ciudadanía y no se perciba vinculada a un partido político determinado”. La intención es, por tanto, “depurar” la carta magna para adaptarla al contexto nacional actual, eliminando formulaciones de carácter partidista o revolucionario.
Estos cambios no parecen contar con un amplio apoyo popular ni con el respaldo de los principales partidos políticos. Dos coaliciones opositoras rechazaron el referéndum, acusando a las autoridades de transición de haber excluido a la sociedad civil del proceso de redacción, y criticaron a la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) por legitimar de facto al régimen militar.
La CEDEAO, el bloque regional de África Occidental, designó a Senegal para mediar entre las autoridades de transición, los actores políticos y la sociedad civil con el objetivo de restablecer «el orden constitucional». Sin embargo, a diferencia de lo ocurrido tras otros golpes militares en la región, no impuso sanciones especialmente severas a Guinea-Bissau.
No se trata exactamente de una guerra, sino de una guerra comercial, que impondrá enormes costes tanto a los consumidores estadounidenses como a Canadá.
Como ya he dicho, Trump está completamente fuera de sí.
La sola idea de una guerra comercial con Canadá —nuestro vecino, nuestro aliado, nuestro amigo más cercano, una nación pacífica y cuyo pueblo tiene fama de ser amable— es absurda.
Pero Trump lo está haciendo de todos modos. Está imponiendo un arancel del 50% a los productos provenientes de Canadá, que, recordemos, es un impuesto a la importación que pagamos todos. Estos aranceles representan 20 mil millones de dólares de los 382 mil millones de dólares en productos que los estadounidenses compraron a Canadá el año pasado y abarcan una amplia gama de artículos (la lista completa de más de 500 productos se puede encontrar aquí , aquí y aquí ).
Trump ha señalado a varias industrias canadienses, especialmente a la forestal, incluyendo productos de construcción como el contrachapado.
El efecto obvio será que la construcción de viviendas en Estados Unidos se encarecerá. Si a esto le sumamos el aumento de los tipos de interés a largo plazo —es decir, los tipos de interés hipotecarios—, consecuencia del gasto militar de Trump, sus recortes de impuestos principalmente para los ricos y las grandes corporaciones, y la enorme deuda corporativa derivada de la IA (fomentada por Trump), el resultado será que la vivienda será aún menos asequible de lo que ya es.
Este es otro ejemplo de la rabia perversa de Trump. Digo «perversa» porque he llegado a creer que su locura se manifiesta de maneras deliberadamente contrarias a lo que se espera de un presidente de los Estados Unidos —maneras consideradas erróneas, si no estúpidas, por la mayoría de los observadores serios— lo que lo impulsa aún más a hacerlo.
Ha perdido la guerra en Irán, la mayoría de los estadounidenses tienen problemas económicos, sus deportaciones masivas son impopulares… ¿y qué hace? Desafía a Canadá porque Canadá es precisamente el tipo de nación que un matón estadounidense ataca. Los matones siempre atacan a quienes no pueden o no quieren defenderse.
Trump ha estado acosando a Canadá desde el inicio de su segundo mandato. Hace seis meses, sugirió que la frontera entre Canadá y Estados Unidos era una línea «arbitraria». Ha propuesto repetidamente la anexión de Canadá como el estado número 51. Ha declarado estar dispuesto a infligir «dolor económico» a Canadá para conseguir lo que quiere. El 1 de julio, día festivo nacional de Canadá, Trump se negó a renovar el Tratado entre Estados Unidos, México y Canadá (T-MEC), lo que significa que el acuerdo ahora se someterá a revisiones anuales.
Sobre todo, Trump está furioso porque el primer ministro canadiense, Mark Carney, afirmó en enero en el Foro Económico Mundial de Davos, Suiza, que Estados Unidos ya no es garante de la estabilidad mundial y que las potencias medianas como Canadá deben unirse para sobrevivir. Fue un discurso contundente, y la primera vez que un aliado de Estados Unidos se enfrentó a Trump.
Al día siguiente de que Carney pronunciara su discurso, Trump dijo lo mismo en el Foro Económico Mundial:
“Canadá recibe muchos beneficios gratuitos de nuestra parte. Por cierto, también deberían estar agradecidos, pero no lo están. Ayer vi a su primer ministro. No se mostró muy agradecido; deberían estarlo con nosotros, Canadá. Canadá existe gracias a Estados Unidos. Recuérdalo, Mark, la próxima vez que hagas tus declaraciones.”
Trump es un niño malhumorado, iracundo y perverso.
La pregunta que me hago es: ¿cuánto peor tendrá que llegar a ser su comportamiento antes de que los republicanos y los aduladores que lo rodean tomen medidas para detenerlo?