Estudio plantea la existencia de un «código» en la Gran Pirámide de Egipto que revelaría su verdadero propósito

Durante milenios, la Gran Pirámide de Guiza ha resguardado sus secretos tras millones de toneladas de piedra. Sin embargo, una nueva investigación sostiene que su mensaje más trascendental ha estado siempre a la vista de todos: sus proporciones exteriores no serían casuales, sino un avanzado sistema numérico concebido para perdurar mucho después de la desaparición de sus constructores.

Estudio plantea la existencia de un «código» en la Gran Pirámide de Egipto que revelaría su verdadero propósito

Crédito: MysteryPlanet.com.ar.

Según la hipótesis del investigador independiente Sefy Levy —publicada en el repositorio académico de preimpresión SSRN como parte de su serie de trabajos Zep Tepi—, la altura, la base y la inclinación del monumento albergan cálculos matemáticos basados en las fracciones binarias empleadas por los antiguos escribas egipcios. Al analizarlas, emergen coincidencias asombrosas con los ciclos de la Luna, el calendario astronómico, constantes matemáticas como Pi y la proporción áurea, y los planetas visibles a simple vista.

Ciertas proporciones dan como resultado 27.5 —muy cercano al intervalo entre perigeos lunares— o 70, cifra vinculada tanto al periodo de invisibilidad de la estrella Sirio como al proceso tradicional de momificación. Para Levy, el objetivo del monumento no era resguardar tesoros, sino eternizar el conocimiento.

En palabras del autor: «La pirámide no fue construida para durar para siempre porque contuviera algo valioso. Fue construida para durar para siempre porque ella misma era algo valioso». Su análisis concluye con una premisa contundente: «La pirámide no es un contenedor de conocimiento. Es el conocimiento hecho piedra».

Los Shemsu Hor: portadores del conocimiento primordial

La hipótesis de Levy conecta la geometría de Guiza con el mito egipcio de la creación —donde la colina primordial (benben) emerge de las aguas caóticas— y, muy especialmente, con la enigmática tradición de los Shemsu Hor (los «Seguidores de Horus»).

Mencionados en registros antiguos como el Canon Real de Turín, los Textos de las Pirámides y el Templo de Dendera, los Shemsu Hor son presentados en la investigación como los verdaderos portadores y transmisores de la ciencia primordial que precedió a las dinastías faraónicas. Según el estudio, este linaje de sabios habría habitado originariamente el Sahara durante su periodo fértil, teniendo como epicentro enclaves como la Estructura de Richat o el «Ojo del Sahara» en Mauritania.

Imagen satelital de la estructura de Richat en Mauritania.

Con la paulatina desecación del Sahara y el fin del Periodo Húmedo Africano, los Shemsu Hor emprendieron un éxodo hacia el oriente hasta asentarse en el valle del Nilo. En su migración trasladaron consigo el mapa celeste y el saber de su civilización de origen, plasmando esa herencia en las dimensiones, alineaciones y calzadas del complejo de Guiza.

Esta visión de la Gran Pirámide como depositaria de un legado predinástico, cabe destacar, no es totalmente nueva. Ya en el siglo pasado, el investigador español Manuel José Delgado expuso ideas pioneras sobre la verdadera naturaleza y el propósito constructivo de estos monumentos, cuestionando la postura académica tradicional sobre quiénes y cómo levantaron las pirámides.

Es precisamente frente a ese dogma oficial —que mantiene que la edificación fue concebida únicamente como tumba para el faraón Jufu (Keops)— donde el trabajo de Levy aporta una novedosa validación cuantitativa. Al someter su modelo a una prueba estadística simulando 100.000 pirámides por computadora, solo el 2.4 % alcanzó tantas coincidencias numéricas como la Gran Pirámide. Este resultado reduce drásticamente la posibilidad de un azar geométrico y reabre el debate sobre la verdadera antigüedad y autoría de sus planos originales.

Fuente: DM. Edición: MP.

Estudio plantea la existencia de un «código» en la Gran Pirámide de Egipto que revelaría su verdadero propósito

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