El centro de control de la Agencia Espacial Europea (ESA) en Darmstadt, Alemania, vivió una jornada clave para la exploración del sistema solar. El pasado 3 de septiembre a las 15:49 CEST, los ingenieros confirmaron la correcta separación del Módulo de Transferencia a Mercurio (MTM), marcando el inicio formal de la fase de llegada de la misión conjunta entre la ESA y la Agencia de Exploración Aeroespacial de Japón (JAXA).
Confirmación de la señal de separación del MTM. Crédito: ESA.
Durante ocho años y tras recorrer 9.900 millones de kilómetros, el MTM actuó como el motor principal del conjunto espacial. Equipado con dos paneles solares de 15 metros y un avanzado sistema de propulsión eléctrica por iones de xenón, este vehículo proporcionó el impulso continuo necesario para navegar por el sistema solar interior y completar nueve sobrevuelos planetarios.
Tensión y despedida en el control de misión
La maniobra de separación requirió una precisión absoluta a una distancia de 200 millones de kilómetros de la Tierra, lo que implicó una tensa espera de casi dos horas para recibir la confirmación telemétrica. Los primeros indicios llegaron mediante datos Doppler captados por las antenas de espacio profundo de la ESA en Cebreros (España) y Malargüe (Argentina), desencadenando la emoción en la sala de control.
«Escuchamos alto y claro en el bucle de voz del equipo de Dinámica del Vuelo que los datos Doppler confirmaban la separación del MTM. Tras tanta espera y preparación, todos nos miramos y nos abrazamos. Fue un momento muy emotivo», relató Emmanuela Bordoni, responsable de operaciones de la nave. Poco después, Ignacio Clérigo, gerente de operaciones del vehículo espacial de la ESA, añadió: «Estamos entusiasmados, pero también aliviados. Separar dos naves espaciales a 200 millones de kilómetros de distancia no es algo que hagamos todos los días».
Señal Doppler preliminar.
En sus últimas horas acoplado, el MTM tomó sus imágenes finales, cerrando un diario fotográfico de casi una década. Al carecer de ordenador y antenas propias, el módulo permanecerá en una órbita pasiva y estable alrededor del Sol.
Una última selfie de la cámara de monitoreo 1 del MTM.
Siguiendo la tradición del Centro Europeo de Operaciones Espaciales (ESOC), el personal celebró el hito pegando el adhesivo del MTM en la puerta de cristal de la sala de reuniones, despidiendo al vehículo que hizo posible la travesía.
La compleja fase final hacia la investigación científica
Aún a tres millones de kilómetros de Mercurio, BepiColombo encara una compleja secuencia de llegada que se extenderá durante seis meses. Utilizando el sistema de propulsión química del orbitador MPO, la trayectoria se ajustará para la inserción orbital prevista para el 21 de noviembre. Posteriormente, a principios de diciembre, se liberará la sonda japonesa Mio, y en marzo de 2027 el MPO alcanzará su órbita científica definitiva.
Cronología de la llegada de BepiColombo a Mercurio. Crédito: ESA.
Para abril de 2027, ambos orbitadores comenzarán sus investigaciones en paralelo para analizar con un nivel de detalle inédito la superficie, el interior y el campo magnético del planeta más cercano al Sol. Como destacó Geraint Jones, científico principal del proyecto en la ESA: «Es fantástico haber dado este primer paso importante para poder utilizar finalmente todos los potentes instrumentos tanto de MPO como de Mio para estudiar Mercurio».