Mercurio se encoge mucho más de lo pensado: el secreto que escondían sus cráteres

El planeta más pequeño del sistema solar guarda un secreto geológico deslumbrante. Un nuevo estudio revela que Mercurio se ha contraído entre un 10 % y un 30 % más de lo que la ciencia calculaba, lo que equivale a una pérdida acumulada de hasta 23 kilómetros en su diámetro desde su formación.

Mercurio se encoge mucho más de lo pensado: el secreto que escondían sus cráteres

Un mapa global de la superficie de Mercurio creado a partir de imágenes obtenidas por la sonda MESSENGER de la NASA. Los colores no son los que vería el ojo humano, sino que corresponden a variaciones en la composición de la superficie. Crédito: NASA/Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins/Institución Carnegie de Washington.

Como los demás mundos rocosos de nuestra vecindad cósmica, Mercurio nació hace unos 4.500 millones de años en medio de un caótico baile de colisiones violentas. Aquellos brutales impactos acumularon una cantidad colosal de calor en su interior, una energía que el planeta ha estado liberando de forma ininterrumpida a lo largo de eones.

Al perder ese calor, el interior del planeta comenzó a achicarse, de forma muy parecida a lo que le ocurre a un globo expuesto al frío o a una fruta que pierde su humedad. Para adaptarse a esta reducción de volumen, la dura corteza exterior se vio obligada a arrugarse y fracturarse, formando gigantescas crestas y pliegues a lo largo de todo el globo.

El «camuflaje» que engañó a los científicos

Durante años, determinar con exactitud cuánto se había encogido Mercurio fue un verdadero dolor de cabeza para los astrónomos. La razón es simple: la incesante lluvia de asteroides que sufrió el planeta no solo dejó profundos cráteres, sino que cubrió el terreno con toneladas de polvo y escombros, sepultando muchas de esas arrugas bajo metros de roca fragmentada.

Para resolver el enigma, un equipo liderado por el Centro Alemán de Aeronáutica y Espacio (DLR) combinó mapas geológicos previos con nuevas mediciones de la rugosidad del terreno. Al analizar la superficie completa, descubrieron un patrón inesperado: las zonas más castigadas por los impactos tenían muchas menos arrugas a la vista.

Anticorrelación entre la rugosidad y la ubicación de las estructuras de acortamiento. Crédito: G. Nishiyama et al., GRL, 2026.

«Nos hizo pensar que hay un proceso que está ocultando las estructuras de acortamiento», explicó el científico planetario Gaku Nishiyama, autor principal del trabajo publicado en Geophysical Research Letters. Según el investigador, los escombros acumulados en las zonas rugosas actuaron como una capa de grava fresca que tapa los baches de una carretera, ocultando las cicatrices del enfriamiento.

¿Qué revela este hallazgo sobre las entrañas del planeta?

Al estudiar la deformación en las áreas mejor conservadas y extender ese cálculo a todo el globo, los expertos concluyeron que la pérdida total de diámetro oscila entre los 19 y los 23 kilómetros, superando ampliamente las estimaciones anteriores que hablaban de entre 4 y 16 kilómetros.

Esta corrección encaja de manera impecable con las leyes de la física y ofrece pistas clave sobre el corazón del primer planeta desde el Sol. «Un mayor encogimiento significa que Mercurio podría tener un núcleo metálico más grande, menos elementos ligeros como silicio mezclados en el núcleo metálico, o una temperatura inicial más alta», detalló Nishiyama, quien reconoció además que «el 30 % es un poco sorprendente, pero la cantidad corregida de contracción realmente tiene sentido para mí».

Imagen de Mercurio tomada durante uno de los sobrevuelos de la misión BepiColombo de la ESA/JAXA.

El misterio, sin embargo, podría ser aún más profundo. Los mapas empleados hasta hoy dependen de los datos de la sonda MESSENGER de la NASA, limitada a detectar detalles superiores a los 5 kilómetros. La respuesta definitiva llegará a partir de noviembre de 2026, cuando la misión conjunta BepiColombo comience a escanear la superficie con una precisión sin precedentes para revelar, de una vez por todas, la verdadera piel de este pequeño mundo.

Fuente: AGU. Edición: MP.

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