
Es la paradoja de la IA . Mientras los informáticos y programadores temen que su trabajo desaparezca a manos de modelos cada vez más capaces, el auge por esta tecnología está impulsando la empleabilidad de profesiones hasta ahora ligadas a la precariedad laboral, desde fontaneros y electricistas a filósofos.
En un mundo encaminado a alumbrar la superinteligencia , el pensamiento crítico y la capacidad de resolver dilemas complejos de índole ética y moral se vuelven esenciales. Lo que ha hecho que la filosofía abandone el espacio público para conquistar los laboratorios tecnológicos .
El giro es tan sorprendente que hoy los graduados en filosofía estadounidenses tienen más probabilidades de encontrar trabajo que quiene estudie informática, según datos de principios de año, del Banco de la Reserva Federal de Nueva York citados por The Economist . En 2024, el año más reciente para el que se dispone de datos, el 7% de estudiantes de informática estaban desempleados, frente al 5,1% de los filósofos.
«Os estudiantes reciben ofertas de trabajo antes de graduarse» , afirma al medio Luciano Floridi, filósofo de la Universidad de Yale. Los académicos también se están marchando. «Floridi describe la magnitud de las salidas de los departamentos de filosofía como una ‘hemorragia'».
Por qué la IA reclama filósofos
Charles Lassiter, filósofo de la Universidad de Gonzaga ha analizado datos de empleabilidad de los estudios de Filosofía. Su revisión encontró que los puestos relacionados con la IA para esta rama han aumentado del 1 % en 2013 al 16 % en 2025 . Dicho de otro modo, aproximadamente uno de cada seis empleos publicados el año pasado mencionaba la IA de alguna manera como parte de las especializaciones.
No solo está aumentando el número de puestos de trabajo para especializaciones en IA, sino que a diferencia de lo que pasa para la mayoría de sectores, está incrementándose en los niveles junior .
«Esto sugiere firmemente que los departamentos están considerando las especializaciones en IA dentro de la filosofía como una inversión a largo plazo , formando a investigadores posdoctorales y contratando profesorado con posibilidad de titularidad», escribe Lassier en su blog.
¿Pero qué impulsa este auge? Las grandes empresas tecnológicas han descubierto que desarrollar sistemas de IA no es solo un reto técnico, sino también profundamente humano y ético. Los modelos de IA deben tomar decisiones, gestionar información sensible e interactuar con personas en situaciones complejas. Para afrontar estos desafíos, las compañías recurren a filósofos especializados en ética, lógica y teoría del conocimiento.
Por ejemplo, el método socrático, basado en el cuestionamiento y la reflexión crítica, ayuda a crear modelos menos complacientes y más orientados a la búsqueda de la verdad. Por su parte, la llamada «ignorancia socrática», que consiste en reconocer los límites del propio conocimiento, puede contribuir a reducir uno de los grandes problemas de la IA actual, las llamadas «alucinaciones» de los sistemas.
Además, la filosofía ofrece marcos éticos para orientar el comportamiento de las máquinas. Algunas empresas se inspiran en la deontología, que establecen principios firmes como no mentir ni perjudicar a las personas. Otros adoptan enfoques consecuencialistas, que evalúan las acciones según sus beneficios y riesgos.
La filosofía conquista las Big Tech
Anthropic y Google DeepMind son dos de los gigantes tecnológicos que hoy cuentan con un equipo de filósofos internos. En estimaciones de WIRED de al menos 10 en DeepMind y cuatro en Anthropic.Su trabajo se centra en interpretar el comportamiento de los modelos , alinear los sistemas con los valores humanos y orientar las decisiones sobre cómo deben utilizarse estas tecnologías.
Una de las figuras más destacadas en este campo es Amanda Askell . Filósofa formada en la Universidad de Nueva York y la Universidad de Oxford, tras trabajar en OpenAI se unió a las filas de Anthropic en 2021, donde se centra en definir el «buen comportamiento» de su modelo Claude.
Con este objetivo Askell lideró la constitución de Claude , un tratado filosófico de 84 páginas que describe las intenciones de Anthropic respecto a la brújula moral del bot.
En Google DeepMind, el trabajo moral de su IA tiene al exprofesor de Oxford, Iason Gabriel, a la cabeza. El laboratorio también contrató recientemente a Henry Shevlin , profesor de la Universidad de Cambridge, para trabajar en temas como «la conciencia de las máquinas, las relaciones entre humanos e IA y la preparación para la IA general».
Más allá de los grandes nombres del sector, el auge de la IA en el campo filosófico se deja notar en las instituciones académicas. Por ejemplo con nuevos programas para capacitar en estas habilidades de filosofía aplicada. La Universidad Estatal de Arizona espera lanzar una licenciatura en IA y filosofía en 2027, que hará hincapié en el estudio de la conciencia y la ética de la IA.
En nuestro país son muchas, las facultades de Filosofía que ya cuentan con maestrías en Filosofía de la IA, Ética e Inteligencia Artificial, o Gobernanza de la IA .
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