Ben Lorber (BL), de Religion Dispatches, titula: “Los fervientes evangélicos sionistas de Trump, listos para liderar el ejército y las relaciones entre EU e Israel” (https://bit.ly/4A0xinZ).
BL comentó que “con Trump 2.0, es posible que regresen a la Casa Blanca más fuertes que nunca. El reciente nombramiento de Mike Huckabee como embajador de EU en Israel y de Pete Hegseth (PH) como secretario de Defensa significa que los militantes sionistas evangélicos y de línea dura podrían tomar el control del Pentágono y de las fuerzas armadas –y, por supuesto, estar al mando de la relación entre EU e Israel”–. Agregó que “tras más de un año de genocidio israelí respaldado por los demócratas y de escalada beligerante en Gaza, Líbano y toda la región, la derecha de EU e Israel está lista para trabajar en conjunto hacia una agenda aún más brutal y distópica, que va desde la anexión total de Cisjordania por parte de Israel hasta la guerra contra Irán y más allá”.
¡BL se quedó corto!: ya en 2018, PH vinculó todos los “milagros (sic)” del sionismo: Declaración Balfour de 1917; Estado de Israel, 1948; captura de la parte antigua de Jerusalén, 1967, y reconocimiento de Jerusalén en 2017. Luego, PH se arrojó al vacío sideral: “No hay razón para que el milagro de restablecer el Templo en el Monte del Templo no sea posible (https://bit.ly/4r1Bz6x)”.
Al más depurado estilo de los trogloditas talmúdicos Ben-Gvir (ministro de Seguridad de Netanyahu) y Bezalel Smotrich (ministro de Finanzas), PH espetó que para lograrlo se necesitan “hechos sobre el terreno”: la “soberanía (sic) de Judea y Samaria” y la existencia de “un solo Estado”, sin Palestina. El gravísimo problema radica en que para la supuesta “reconstrucción del Tercer Templo judío” en Jerusalén por PH se necesita destruir los sitios sagrados del Islam –con 2 mil 100 millones de feligreses en 57 países: Monte del Templo (mezquita Al-Aqsa)/Haram al-Sharif (Cúpula de la Roca; https://bit.ly/4xIXXnv).
El multimillonario y connotado especulador jázaro (Khazar; https://bit.ly/3QqemJr), hoy subsecretario de Defensa, Stephen Feinberg (SF), es el verdadero mandamás del Pentágono, a cargo del presupuesto y gasto militar, mientras el locuaz PH es el que da la cara mediática (https://bit.ly/4xEkYrO).
El objetivo asignado a SF es “derrotar a China” bajo la lógica del capital privado. Su carrera ha sido fétidamente macabra desde que aprendió todas las fechorías en Drexel Burnham, con Michael Milken (MM) –el “rey de los bonos chatarra (https://goo.gl/iFxPPB)”, quien lloró por sus trapacerías ante el juzgado (https://bit.ly/4cxLhYe)– e Ivan Boesky (IB). A sus 32 años, SF fundó el hediondo Cerberus Capital Management y ahora gestiona el gasto militar como si fuera un fondo financiero. Sus escándalos son mayúsculos cuando la correlación jázara, tanto matemática como teológica, de MM/IB/SF es muy poderosa.
Hoy, David A. Lorch, ex súbdito de SF, está a cargo de la compra de misiles. Lo más sobresaliente es que el secretario de Comercio, también jázaro, Howard Lutnick, es quien “revisa” los contratos del Pentágono con Cerberus. SF y su grupo no tienen llenadera y colocaron al abogado fiscal de Cerberus, Alan S. Waldenberg (apellido de alta resonancia ashkenazi), como representante del Pentágono en el asunto pestilente de la compra de “tierras raras” de MP Materials, además de ser presidente de la Fundación Feinberg (https://bit.ly/4ynXCXnx)–
La captura del Pentágono por la teología financierista jázara no es nueva. Proviene alrededor del aciago 11/9/2001 con el doble (sic) cobro de los seguros de las Torres Gemelas por el empresario inmobiliario ashkenazi-jázaro Larry Abraham Silverstein (https://bit.ly/4iiM03i; https://bit.ly/4xPCrOi), y el manejo de la contraloría del Pentágono por el rabino (¡megasic!), también jázaro, David Zakheim con el secretario Donald Rumsfeld, donde “se extraviaron” en forma bizarra 2.3 billones de dólares (https://bit.ly/2B8Dukw).
Lo que cambió es que con el empresario inmobiliario Trump 2.0, la teología financierista jázara pasó ya al primer plano (https://bit.ly/4zTLcrQ).
Alfredo Jalife-Rahme
https://www.verdadypaciencia.com/2026/09/la-teologia-del-pentagono-el-secretario-evangelico-sionista-p.hegseth-y-el-subsecretario-especulador-jazaro-s.feinberg.html
Escándalo en EEUU: Los informes desclasificados que demuestran que el 11S pudo evitarse
Mark Rossini, el hombre que pudo haber evitado el 11-S
Tuvo en sus manos los documentos que habrían frenado los ataques hace 25 años. Investigó el 11-M. Se codeó con reyes, presidentes y actrices. El periodista Álvaro Soto recoge en un libro la increíble vida del agente más español del FBI

J. Guerrero
Desde hace 25 años, Mark Rossini (Nueva York, 1961) vive con un sentimiento de culpa que, por más que lo intente, no consigue quitarse de encima. Como él, millones de neoyorquinos reviven todavía hoy la pesadilla del 11 de septiembre de 2001, pero de todos ellos, solo a él le atormenta otro fantasma, el peor, ese para el que no encuentra consuelo: saber que pudo haber evitado el mayor atentado de la historia, en el que fueron asesinadas 3.000 personas, entre ellas, en un giro dramático de guion, el hombre que fue su mentor, su segundo padre.
Veintiún meses antes del ataque, en enero de 2000, Rossini tuvo en sus manos los informes de inteligencia que advertían de que dos de los yihadistas que pensaban estrellar aviones contra las Torres Gemelas, Khalid al-Mihdhar y Nawaf al-Hazmi, acababan de participar en una cumbre terrorista en Malasia y tenían visados para entrar en Estados Unidos. Rossini, entonces uno de los mejores agentes del FBI, estaba destinado en la unidad de la CIA que intentaba matar a Bin Laden, un intercambio de personal que la cúpula de inteligencia de Estados Unidos había establecido para que las dos agencias más importantes del país superasen su histórico enfrentamiento y comenzasen a trabajar coordinadas. Solo tenía que pasar esos papeles de la CIA al FBI y el FBI haría lo que siempre hacía: vigilar a los sospechosos cuando aterrizasen en Los Ángeles, su destino, o directamente detenerlos en cuanto pusieran un pie en el territorio nacional. Pero no le dejaron.
A Rossini se le cambia el gesto de la cara cuando recuerda el momento exacto en que su joven supervisora en la CIA, 27 años, le dijo que no podía transmitir la información al FBI. La agente se puso de pie, colocó la mano derecha en la cadera y con el dedo índice de la izquierda señaló a Rossini: «Tú no vas a decir nada. Esta información es de la CIA. Si creemos que es oportuno que se pase, y cuando creamos que es oportuno, la pasaremos». Nunca Estados Unidos estuvo tan cerca de desbaratar el 11-S como el día en que a Rossini no le dieron permiso para compartir ese informe. Se lo prohibieron y él no se atrevió a desobedecer las órdenes. «No hay un día en que no me arrepienta. Me habrían echado del FBI y de la CIA, pero no habrían muerto miles de personas», dice con lágrimas en los ojos, todavía hoy.
En 2001, ninguna agencia en Estados Unidos tenía la información suficiente para calibrar el potencial de Al-Qaeda como gran amenaza terrorista. Si el FBI hubiera tenido la información de la CIA sobre Mihdhar y Hazmi, los habría investigado, seguido e incluso detenido y el 11-S, tal como fue concebido, nunca habría ocurrido. Lo dicen los altos cargos antiterroristas del FBI en aquellos años y sobre todo, lo afirma el zar antiterrorista de las administraciones de Bush y Clinton, Richard Clarke. «Si hubiéramos sabido los nombres de esos dos secuestradores, los habríamos podido publicar en la portada de todos los periódicos del país. Habríamos podido detener a esos dos secuestradores y, entonces, quizá el FBI habría podido seguir la pista y localizar a los demás miembros de la célula de Al-Qaeda», dijo Clarke. Fue la gran oportunidad perdida, el momento de desbaratar la trama. Pero eso no habría garantizado que Al-Qaeda no hubiera podido golpear de alguna forma a la primera potencia del mundo. Los terroristas podrían haber cambiado los planes, podrían haber ideado un ataque incluso más letal. Todas esas cuestiones quedarán para siempre sin respuesta.

Paradójicamente, tras el 11-S, Rossini fue uno de los agentes señalados en los informes que el Departamento de Justicia y la CIA elaboraron para buscar responsabilidades. Las investigaciones internas le achacaban no haber compartido la información. «No me lo podía creer. No lo hice porque ellos no me dejaron», estalla de rabia. Pero más extraño todavía: mientras que le señalaban como culpable, su carrera dentro de la CIA primero, y después en el FBI, crecía y parecía no tener límites. Entre 2003 y 2005, fue el encargado de compartir con los altos cargos del Gobierno de Estados Unidos y la élite de seguridad del país el informe ‘Threat Matrix’, que recogía las amenazas terroristas de todos los días. Fue el primer agente del FBI en tener esta responsabilidad.
«No hay un día en que no me arrepienta. No habrían muerto miles de personas», confiesa
Fueron también los años en que Rossini se convirtió en el enlace de la inteligencia de Estados Unidos con la Policía Nacional en España. Viajó a Madrid para investigar el 11-M y el grupo del comisario Enrique García Castaño, el ‘Gordo’, lo adoptó como uno de los suyos. «Con Rossini todo era muy fácil. Te saltabas la burocracia y solucionabas un asunto con una llamada o un mensaje», cuenta uno de aquellos agentes bregados en la lucha contra ETA y después, contra el yihadismo.
«Con Rossini todo era muy fácil. Te saltabas la burocracia», cuenta un policía español que trabajó con él
En 2005, Rossini decidió regresar al FBI como número dos del departamento de relaciones institucionales. Iba a ser la imagen de la agencia ante la ONU, ante la sociedad y ante los medios de comunicación. Habitual de las mejores fiestas de Nueva York desde sus tiempos con el legendario John O’Neill, director de la oficina del FBI en la Gran Manzana y asesinado en las Torres Gemelas, Rossini se movía con elegancia durante el día y por la noche. Los periódicos le llamaban «el agente más guapo del FBI». Durante unos meses, pensó que quizá podía dejar atrás sus remordimientos y volver a ser feliz.
Expulsado del FBI
En el restaurante de moda de Manhattan, el Elaine’s, y en una de esas noches neoyorquinas en las que todo puede pasar, la dueña del establecimiento le presentó a una mujer. Rossini la reconoció al instante: era Linda Fiorentino, la actriz de Hollywood que había triunfado en el cine de los 90 con ‘Men in Black’ y en papeles de mujer fatal. Lo que descubrió muy pronto es que él se iba a convertir en el protagonista de una trama que acabaría con su carrera. Animado por la intérprete, entró en los archivos de un caso que no estaba investigando, algo prohibido por las normas internas de la agencia. Le pillaron y le despidieron. Sus amigos lloraron su final, sus enemigos lo celebraron. Había perdido lo que más quería, su trabajo en el FBI. Podía dejarse ir o podía empezar de cero.
Álvaro Soto comenzó a investigar a Mark Rossini en septiembre de 2022. Su primera idea era preparar un reportaje, pero conforme avanzaba, se dio cuenta de que la historia pedía un libro: Ferdinand e Imelda Marcos, Bin Laden, el 11-S y el 11-M, el ‘Gordo’ y Baltasar Garzón, la guerra de Irak, la película ‘La noche más oscura’, Dick Cheney, Donald Trump… Rossini ha escrito la letra pequeña de la geopolítica, ha compartido mesa con reyes y presidentes y por sus brazos han pasado las mujeres más bellas. También ha estado a punto de ir a la cárcel. Una vez Soto le pidió que tratara de resumirle su vida. Esta fue su respuesta: «Soy un hombre normal que no ha tenido una vida normal. Por alguna razón, siempre he estado en el lugar equivocado».
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